Sulawesi es una de las cuatro grandes islas de Sonda, Indonesia y está situada entre Borneo y las Islas Molucas.
Grandes depósitos de oro se han encontrado a 250 km de la capital, en el distrito de Bombali en 2008 y desde entonces, cientos de personas acuden allí con la esperanza de hacerse ricos!
«Estamos cavando nuestra propia tumba, lo sabemos, pero al menos nos enterraran en un cementerio de oro»
Aquí están algunas fotos en blanco y negro que muestran un poco cómo ocurren las cosas por allá …
Las tiendas de campaña lo invaden todo más allá de donde alcanza la vista. Los niños abandonan la escuela en busca del oro, y jóvenes armados con machetes patrullan entre los cocoteros para asegurarse de que la mina de Talawaan sigue siendo un lugar sin ley.
La multinacional australiana Aurora Gold anunció hace tres años que había encontrado oro en estas tierras y, sin querer, dio el pistoletazo de salida: miles de campesinos comenzaron a abandonar sus cosechas en busca de fortuna, pobres de toda Indonesia se sumaron a la invasión y familias enteras empezaron a instalarse en las junglas del norte de la isla de Sulawesi.
Hoy no hay nada ni nadie que pueda frenar la última gran fiebre del oro, una carrera en la que aquellos que dan con el metal precioso difícilmente viven para disfrutarlo y cientos de miles de personas corren el riesgo de ser envenenadas en uno de los mayores desastres medioambientales de la historia.
Los mineros manipulan, queman e inhalan grandes cantidades del mercurio que utilizan para separar el oro del lodo, aun sabiendo que con ello cavan sus propias tumbas. Los que llevan más tiempo trabajando apenas pueden trabajar ya. Muchos agonizan de cáncer y enfermedades del sistema nervioso.
Las piedras obtenidas son trituradas a martillazos antes de convertirse en arena y pasar un proceso que acaba con su mezcla con agua y mercurio, que atrae el oro y lo separa del barro y de otros minerales sin valor. Uno de los miembros del equipo retira después parte del mercurio y lo quema con un soplete, evaporando el mercurio y contaminando el aire de inmediato. Lo que queda, si queda algo, es oro.
Sigarlaki tiene 73 años y recuerda que cuando era un niño, siendo Indonesia todavía una colonia holandesa, ya se hablaba de la posibilidad de que hubiera oro en la zona. «Ahora que lo han encontrado tenemos miedo. Todo se está muriendo alrededor, plantas y animales. Los propios mineros vienen a nuestra casa y nos preguntan: "¿Qué nos va a ocurrir?" Tienen miedo», dice el anciano, vecino del pueblo más cercano a Talawaan.
Fuente de las fotos texto traducido del ingles, y editorial Elmundo.


















